¿Qué es un préstamo responsable?

Cuando los días de vino y rosas en España dejaron paso a una de las mayores crisis económicas que ha vivido el país y de la cual aún se está recuperando, salieron a la luz ciertas prácticas financieras que se podrían considerar como no del todo ortodoxas. No fueron pocos los expertos y economistas que se llevaron las manos a la cabeza por cuestiones como por ejemplo la concesión de préstamos hipotecarios a personas que luego no pudieron hacer frente a los pagos mensuales. Hubo unos años de boom económico en los que si entrabas en una entidad financiera pidiendo dinero para adquirir una vivienda, era muy posible que salieras de la misma con una cantidad que incluso te permitiera adquirir los muebles y electrodomésticos. Ni rastro de lo que se conoce como préstamo responsable.

Al explotar la burbuja inmobiliaria y llegar la crisis, las vergüenzas del sistema financiero quedaron al descubierto. La parte buena es que conocer los fallos permite corregirlos, o al menos intentarlo. Eso es lo que se pretende hacer con el préstamo responsable.

préstamo responsable

En 2011, el Gobierno publicó una orden de transparencia y protección del cliente de servicios bancarios. En la misma se establece que antes de firmar un contrato de crédito, la entidad “debe evaluar la capacidad del clientes para cumplir con las obligaciones derivadas del mismo”. Para ello debe estudiar los ingresos del solicitante, su historial crediticio, su situación de empleo así como el patrimonio que tiene. Del mismo modo, se examina el nivel de ingresos que tendrá tras su jubilación, si parte del crédito lo tendrá que seguir pagando cuando llegue a esta situación. Además estas revisiones se llevarán a cabo de manera periódica incluso una vez concedido el crédito. Lo que se pretende con esta medida es que no se concedan préstamos a personas que puedan tener dificultades para devolver el dinero, perjudicando tanto sus finanzas como a la entidad bancaria.

Otros requisitos del préstamo responsable

Si la entidad bancaria decide conceder un préstamo responsable en base a una garantía real, como por ejemplo una vivienda, debe tener en cuenta que la cuantía máxima del dinero que presta y los intereses derivados deben fundamentarse “en la capacidad estimada del cliente para hacer frente a sus obligaciones de pago” y no en el valor que tiene la garantía. Es decir, nada de dar alegremente hipotecas basadas en tasaciones altísimas de viviendas con unas cuotas que el prestatario no podrá pagar si su situación financiera sufre algún cambio.

De la misma orden ministerial emana la obligación de las entidades financieras de ofrecer a sus clientes las explicaciones suficientes para que estos entiendan las características de los productos ofertados y los riesgos que acarrea cada uno de ellos. Además tienen que indicar el importe de las comisiones que conlleva cada operación financiera y darles la posibilidad de desistir de la operación sin que esto le suponga ningún tipo de coste.

*Por favor, ten en cuenta que el contenido de este post no constituye asesoramiento financiero. Te recomendamos que consultes a tu asesor financiero personalantes de aplicar cualquier consejo o recomendación que figure en este post.